Una página no está hecha solamente de lo que imprime. Antes de leer una frase, la mirada encuentra márgenes, distancias, alineaciones, bloques e interrupciones.
Esos intervalos establecen jerarquías. Acercar dos elementos puede hacer que parezcan parte del mismo argumento; separarlos puede crear una pausa o evitar una asociación demasiado fácil.
Por eso, el espacio en blanco no es ausencia de trabajo. En un libro que reúne investigación, poesía, fotografía o prosa ensayística, puede ser la diferencia entre acumular materiales y permitir que cada forma conserve su propia presencia.
También hay un límite. El vacío no debe funcionar como decoración de prestigio ni como manera de hacer que poco contenido parezca más importante. La forma debe responder al ritmo y a la función de la página.
Editar también es decidir qué no ocupar. A veces, la mejor intervención es dejar distancia suficiente para que el lector perciba una relación sin obligarlo a entenderla de una sola manera.
